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Paleolocos y algo más: Algunas preguntas y otras
respuestas sobre dinosaurios
La sorprendente riqueza paleontológica de nuestro
país, sumada a la difusión de los notables hallazgos
que se suceden, está alimentando el creciente "hobby"
de las salidas al campo para participar en las exploraciones.
Por Santiago G. de la Vega y Sebastián
Apesteguía
En estrecha colaboración con los paleontólogos
de diversas regiones, buen número de personas cada
vez mas disfruta de la a veces agobiante tarea de buscar fósiles.
Tal vez lleguen al final del día casi muertos de cansancio,
pero no les faltará una sonrisa. El Dr. Bonaparte,
impulsor de la paleontología de dinosaurios en la Argentina,
suele llamarlos los "Paleolocos".
La felizmente definitiva y estricta prohibición de
vender fósiles ha logrado disminuir el riesgo de predación
y los problemas de las mezquindades que se han dado en algunos
lugares del mundo donde la comercialización entra en
juego.
La ley Nacional Nº 9080 establece que los fósiles
son parte de nuestra riqueza, y aún más, son
Patrimonio Natural de la Humanidad. Es decir, nos pertenecen
a todos pero nadie puede poseerlos como bien personal, ni
lucrar con ellos.
Nuestros principales yacimientos con sus museos, visitas y
exposiciones
Nuestro país posee importantísimos yacimientos
fosilíferos. Muchos de ellos corresponden a depósitos
de la Era Paleozoica, muy anteriores a los dinosaurios. Allí
pueden hallarse restos de organismos que vivieron en áreas
antes cubiertas por mar, tal como bivalvos, trilobites o antiguos
peces.
Pero además, muchos de nuestros yacimientos corresponden
a la época de los dinosaurios. En algunos de ellos,
como los del Jurásico de Neuquén y el sur de
Mendoza, los paleontólogos también han hallado
y estudiado una gran variedad de organismos marinos como los
amonites (parientes de pulpos y calamares), y varios reptiles
marinos como tortugas acuáticas, ictiosaurios (grandes
reptiles con aspecto de delfín), plesiosaurios (de
largos cuellos y poderosas aletas) y de vez en cuando algún
pterosaurio o reptil volador, que habitaba las zonas costeras
y terminó muriendo en el mar.
Ya sobre el continente, dejaron sus restos y señales
de paso a lo largo de nuestro país los sorprendentes
dinosaurios, grupo que comenzó a dominar los ambientes
terrestres a partir de fines del Período Triásico.
En diversas regiones, la naturaleza contribuyó a preservarlos
en depósitos sedimentarios.
El triásico (240 a 205 millones de años)
Destacados yacimientos con restos de dinosaurios del Período
Triásico han sido localizados en sedimentos de la formación
Ischigualasto, prov. de San Juan. De allí provienen
primitivos terópodos como Eoraptor y Herrerasaurus,
así como el ornistiquio Pisanosaurus, el más
antiguo representante de dicho grupo a nivel mundial. Estos
yacimientos pueden visitarse en el Parque Provincial Ischigualasto,
conocido popularmente como "El Valle de la Luna".
Hay un adecuado centro de interpretación y visitas
guiadas.
Otro rico yacimiento que involucra sedimentos posteriores
a Ischigualasto, es de la formación Los Colorados,
aflorante en la provincia de La Rioja. De allí provienen
dinosaurios prosaurópodos como Coloradisaurus y Riojasaurus.
Sus restos pueden observarse en las exhibiciones del museo
del Instituto Miguel Lillo de Tucumán y de la Universidad
de La Rioja. También de dichos sedimentos proviene
un impresionante dinosaurio carnívoro con crestas en
la cabeza, hallado por los paleontólogos Rougier y
Reuil, y que se encuentra actualmente en estudio.
Estos afloramientos se hallan en el área del hoy Parque
Nacional Talampaya, lugar de impactante belleza natural, con
un Cañón de altos paredones de areniscas rojizas
que puede ser recorrido con la compañía de los
guías.
Mucho más al sur, en la provincia de Santa Cruz, han
aparecido prosaurópodos como el formidable nido de
Mussaurus conteniendo varios "pichones". Estos animales
vivían en un ambiente de frondosos bosques que hoy,
petrificados, pueden ser visitados en el Monumento Natural
Nacional de los Bosques Petrificados.
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El Jurásico (205 a 138 millones de años)
Mucho más escaso en nuestro país, el Jurásico
se ha revelado en la provincia de Chubut, dando los espectaculares
restos del gran saurópodo Patagosaurus, del cual se
hallo una familia entera, y el carnívoro Piatnitzkysaurus,
cuyos esqueletos se exhiben en el Museo Argentino de Ciencias
Naturales "B. Rivadavia" de Buenos Aires y en el
Museo Paleontológico Egidio Feruglio, de Trelew.
En otros lugares, como en Santa Cruz, los dinosaurios jurásicos
nos han dejado solamente huellas, como las del sorprendente
carnívoro Sarmientichnus. Al caminar apoyaba solo dos
de los dedos de sus patas, a diferencia de los tres de las
patas de los terópodos. Tal vez sea indicio de que
llevaba el otro dedo en alto, con una poderosa garra a la
manera de los "raptores". Ninguno de estos yacimientos
jurásicos ha sido aún preparado para las visitas
del público. Pero es posible que pronto lo sea, al
menos en cuanto al yacimiento chubutense, bajo la iniciativa
del museo E. Feruglio. Dicho museo ofrece actualmente salidas
al terreno para visitar el Parque Paleontológico mioceno
Bryn Gwinn, en el cercano valle del río Chubut.
El Cretácico (138 a 63 millones de años)
El período mejor representado en nuestro país
es el Cretácico. Poseemos importantes yacimientos para
la parte inferior (aproximadamente entre unos 130 a 100 millones
de años atrás) en la provincia de Neuquén,
como los que han brindado los restos de los formidables saurópodos
espinosos Amargasaurus y Agustinia y el minúsculo carnívoro
Ligabueino.
En las cercanías de El Chocón y hacia los últimos
momentos del Cretácico temprano, comenzaba a esbozarse
el inicio de una época de verdaderos gigantes, como
se verá reflejado en el colosal carnívoro Giganotosaurus,
en exhibición en el museo de El Chocón. También
saurópodos variados como el titanosaurio primitivo
Andesaurus y el diplodocoide Rebbachisaurus, cuyos restos
originales pueden ser contemplados en el museo de la Universidad
Nacional del Comahue, en la ciudad de Neuquén.
Sin embargo, ninguna etapa de la historia de los dinosaurios
se halla tan bien representada en nuestro país como
el Cretácico tardío. Afloramientos correspondientes
a sedimentos depositados en esa época pueden ser hallados
al sur de Salta, de donde proviene el titanosaurio Saltasaurus,
el carnívoro Noasaurus y restos de aves primitivas.
Los hallazgos del primero se hallan en las colecciones del
instituto Miguel Lillo, de Tucumán, aunque no en exhibición.
En la provincia de Neuquén muchos han sido los dinosaurios
hallados en afloramientos del Cretácico tardío.
Destacan el "raptor" gigante Megaraptor, Unenlagia
-cercanamente emparentado a las aves-, el sorprendente Patagonykus,
de brazos fuertes y cortos armados solo con una gran uña,
y el inesperado "raptor araucano" (ver tapa) cuyos
familiares más cercanos conocidos son de América
del Norte y Asia.
Copias de sus restos pueden ser observadas en un nuevo panel
especial en la exhibición del Museo Argentino de Ciencias
naturales "Bernardino Rivadavia" de Buenos Aires.
También de Neuquén provienen los pequeños
y gráciles dinosaurios carnívoros Alvarezsaurus
y Velocisaurus, en exhibición en el Museo de la Universidad
Nacional del Comahue, ciudad de Neuquén; así
como los gigantescos saurópodos Antarctosaurus y Argentinosaurus,
que se encuentran entre los dinosaurios más grandes
del mundo. Los restos de este último se hallan en exposición
en el Museo Carmen Funes, de la ciudad de Plaza Huincul. El
yacimiento de donde provienen es tan cercano a la ciudad que
si bien aún no hay visitas organizadas, es probable
que pronto se ofrezcan.
La provincia de Río Negro merece una consideración
aparte. Desde principios de siglo sus yacimientos han llamado
la atención de los paleontólogos, en especial
en la zona de Cinco Saltos. Allí se hallaron varios
tipos de saurópodos titanosaurios como Pellegrinisaurus,
Neuquensaurus, y un posible Saltasaurus. De sus sedimentos
proviene también el enorme carnívoro Abelisaurus,
con un cráneo de casi un metro de longitud, exhibido
en el museo de Cippoletti, y los pequeños y gráciles
ornitópodos Gasparinisaura.
De la margen sur de los ríos Limay y Negro, una de
las zonas menos exploradas pero con una importante riqueza
paleontológica, provienen varios hadrosaurios o dinosaurios
de pico de pato como Kritosaurus, cuyos esqueletos pueden
observarse en museos como el de Cippolleti, el de Ingeniero
Jacobaci, el de Buenos Aires y el de Trelew. Pero además
algunos sorprendentes dinosaurios como el titanosaurio Aelosaurus
y un saurópodo recientemente descubierto en el que
cada vértebra del cuello mide más de un metro
de longitud!
Del campo al laboratorio. Lo que se puede y lo que no se
puede hacer.
La correcta extracción de un fósil del campo,
implica necesariamente que uno "se pierda" de saber
concretamente que se ha sacado, y la ansiedad de la espera
podrá ser grande. Pero es bueno que la propia matriz
de sedimentos que protegió a los huesos durante tantos
millones de años, los proteja también en el
traslado al laboratorio, por lo que debe extraerse entero
el bloque de roca que contiene a los huesos.
La apertura de los bochones de yeso con que se recubre a
los huesos en el terreno y su preparación ya en lugar
adecuado, son procesos que, si bien largos, puntillosos, y
a veces tediosos, resultan definitivamente fascinantes. Allí
es donde suelen darse también muchas de las grandes
sorpresas.
Y no sólo con lo que llega de campañas recientes.
Tal vez también hurgando entre las muestras del museo
que quedaron sin un análisis exhaustivo, o que, por
algún otro descubrimiento, viene al caso reexaminar.
Extinciones masivas: Dinosaurios y muchos más. Las
Cinco Grandes y se viene la siguiente
El origen de la vida en el planeta se dio hace alrededor
de 3.500 millones de años, y se estima que desde entonces
el 99 % de las especies se han extinguido naturalmente.
El ritmo de extinción puede ser variable según
el grupo vegetal o animal de que se trate, o el medio en que
habite. En el agua por ejemplo, las condiciones son más
estables y las extinciones en general resultan más
lentas que en ambientes terrestres.
Pero además, han ocurrido grandes extinciones masivas
como consecuencia de importantes y rápidas modificaciones
en las condiciones ambientales. Por la abundancia y amplia
distribución de la fauna invertebrada, son sus cambios
los que más información han brindado. Se piensa
hoy que fueron cinco las extinciones masivas en la historia
de la vida.
Alrededor de 440 millones de años atrás, el
75 % de las especies animales se habría extinguido
y hace 370 millones de años, un porcentaje similar.
Pero fue hace 250 millones que ocurrió la extinción
masiva de mayores proporciones. Más del 90 % de las
especies de la fauna marina de invertebrados desapareció
en aquellos tiempos. 210 millones de años atrás
ocurrió la cuarta extinción.
La más conocida por todos es la que involucró
hace 65 millones de años, entre otros, a los Dinosaurios.
Con excepción del yacimiento cámbrico canadiense
de Burguess Shale, donde se aprecia que hace 500 millones
de años existían más phyla (o planes
estructurales animales) de los que hay hoy, el registro fósil
parece mostrarnos una tendencia hacia el incremento de la
biodiversidad. No obstante, esto podría también
deberse a que mientras más nos alejamos de nuestros
días, menor es la probabilidad de que un fósil
se preserve. Hoy se conocen alrededor de 1.500.000 de especies,
aunque se estima que habría entre 20 y 30 millones,
la mayoría invertebrados.
Entre los vertebrados, hay cerca de 43.000 especies conocidas.
Dominan los peces, con más de 22.000 especies. Los
anfibios rondan las 3.000 especies, los reptiles suman alrededor
de 6.300 más los 9.100 de las aves, y los mamíferos
alrededor de 4.200 especies.
Los dinosaurios fósiles conocidos en el mundo hasta
ahora superan las 500 especies y dado que su ritmo de hallazgo
se ha incrementado notablemente, no se tardará en llegar
a las 1.000, pues podría decirse que casi nada sabemos
aún sobre ellos y falta muchísimo por descubrir.
En los años que corren, y en buena medida por causa
de nuestras actividades, hay científicos que consideran
que estamos iniciando la sexta extinción masiva.
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Grandes interrogantes e incógnitas acerca de los
dinosaurios
en la Argentina.
¿Son los dinosaurios argentinos más grandes
que en otros lugares?
El tamaño de los dinosaurios es sin duda su rasgo
más llamativo. Sin embargo, es bien sabido que no todos
eran colosales. Simplemente, los había de todos los
tamaños posibles para un vertebrado.
Acercándonos a la parte media del Cretácico,
nuestro país conoció una época donde
el gigantismo descomunal parecía ser la regla más
que la excepción. Para los sensacionalistas, fue todo
un hito poder gritar que poseíamos el saurópodo
más corpulento (si bien no el más largo) y un
mega-terópodo capaz de competir de igual a igual, y
aún de ser algo mayor que los mayores tiranosaurios
del Hemisferio Norte.
Dicho sea de paso es interesante aclarar que la determinación
de la longitud máxima de los dinosaurios tiene cierto
margen de error, aún si se cuenta con el material óseo
necesario. Pero estimar el peso es más difícil,
y prueba de ello es que los resultados pueden diferir según
el método empleado.
Volviendo al tema, lo que llama realmente la atención,
y es seguramente relevante, es el hecho de que nuestra "época
de gigantes" se dio en un momento particular del Mesozoico
argentino, lo que lleva inevitablemente a buscar un porque.
¿Por qué crecieron tanto?
Este misterio ha intentado ser explicado de muchos modos,
sea argumentando sus largos períodos de vida o postulando
la existencia de una época de superabundancia de alimentos.
Entre los herbívoros, los saurópodos fueron
los más grandes entre los grandes. Alcanzaron una gran
diversidad en el mundo hace 150 millones de años y
se hallaron en casi todos los continentes, excepto Antártida.
Hacia el Cretácico, comenzaron a extinguirse en todo
el mundo, salvo en nuestra Gondwana. ¿Por qué
sobrevivieron aquí?. Se ha sugerido que el gigantismo
debe haber sido parte de la fórmula para su éxito.
A mayor tamaño tendrían mayor capacidad de almacenar
reservas, por ejemplo en sus largos cuellos y colas. Resistirían
más en períodos de escasez, o podrían
desplazarse lejos en caso de necesidad de nuevas fuentes de
comida.
En cuanto a los carnívoros, el gran tamaño
de los predadores terrestres en general puede tener mucho
que ver con sus presas. Las dimensiones óptimas para
un predador estarían en parte determinadas por la interacción
tanto de la abundancia de presas de diferente tamaño
como de la energía relativa que puedan extraer de ellas.
Si ser más grande permite cazar presas más grandes,
y esto resulta más eficiente, la selección natural
puede dirigir los procesos evolutivos en esa dirección.
El reptil viviente más grande del mundo es el dragón
de Komodo. En sus orígenes como especie, existían
en la isla donde habita dos especies de elefantes pequeños,
ya extinguidas. Actualmente come ciervos y jabalíes
(introducidos) pero puede atrapar presas aún más
grandes. Durante el Pleistoceno, existió en Australia
un lagarto aún mucho mayor. Alcanzaba 6 metros de largo
y 2000 kg de peso! No era un dinosaurio, ni un cocodrilo.
Era un lagarto gigante.
Como sea, ninguna de las propuestas presentadas hasta ahora
parece ser muy convincente. Si se sabe con certeza que llegaban
a sus impresionantes tamaños a los pocos años
de vida.
¿Han aparecido ya los máximos tamaños
de los dinosaurios?
Tras tantos terópodos y saurópodos descomunales,
no deja de llamar la atención el hecho de que tanto
nuestro Giganotosaurus como Tyrannosaurus o el africano Carcharodontosaurus
tienen, a grandes rasgos, tamaños similares. Cabe entonces
preguntarnos, ¿Hemos llegado finalmente al límite?
¿Podía un terópodo llegar a 20 los metros,
o un saurópodo superar los 50 metros o las 100 toneladas?
Realmente no lo sabemos, pero el hecho de que los tamaños
máximos comiencen a ser repetitivos nos hace sospechar
la presencia de algún límite natural para los
vertebrados terrestres.
Algo semejante y comparable sucede con los dinosaurios vivientes,
las aves. Entre las voladoras más grandes del mundo
hay pelícanos, gansos, el cóndor, águilas
y albatros. Todas alcanzan un rango de entre 13 y 15 kg de
peso y entre 3 y 3,5 m de envergadura de alas. Limitaciones
físicas como la energía que pueden generar los
músculos de vuelo impedirían superar dichos
pesos y dimensiones. Aunque por registros fósiles descubiertos
en la Argentina, el Argentavis magnificens, con 7 m de envergadura
de alas, sería el ave voladora más grande hasta
ahora conocida que existió en el planeta.
¿Cómo lograba iniciar y mantener el vuelo?
Buena pregunta.
¿Por qué los saurópodos siguieron siendo
importantes aquí tras haberse extinguido en el resto
del mundo?
Al culminar el Jurásico, período caracterizado
en todo el mundo por la gran abundancia de los saurópodos,
los países del Hemisferio Norte vieron surgir entre
los herbívoros al nuevo dominio de los ornistiquios.
Entre estos se cuentan los dinosaurios pico de pato, los iguanodóntidos,
los ceratopsios y varios más, que se convirtieron en
los herbívoros dominantes.
Sin embargo, en la Argentina y el resto de los territorios
que conformaban a Gondwana, los saurópodos siguieron
siendo mayoría aún hasta fines del Cretácico,
a pesar de que, como hoy se sabe, los ornistiquios eran también
importantes en estas regiones. Se desconocen aún los
mecanismos ecológicos que regularon esos reemplazos
faunísticos.
¿Fue para los dinosaurios importante la separación
de los antiguos continentes de Laurasia y Gondwana?
Hoy en día nadie duda de la deriva continental. Básicamente,
los continentes se sitúan sobre placas y se desplazan
unos pocos centímetros anuales alejándose o
aproximándose entre sí.
Durante la era Mesozoica, el gran continente original, Pangea,
se fragmentó en Laurasia (en el Hemisferio Norte) y
Gondwana (en el Hemisferio Sur). Esta última estaba
integrada por lo que hoy es América del Sur, Africa,
Madagascar, La India, Antártida, Australia, Nueva Zelanda,
y varias otras regiones más pequeñas que hoy
se han fusionado y mezclado con Europa y Asia. Luego, nuestra
misma Gondwana continuo fragmentándose en una región
oriental y otra occidental.
En 1986, Bonaparte postuló que las diferencias entre
la mayor parte de los dinosaurios que aparecían en
el Hemisferio Norte y los del Sur, se debía a que la
separación de los antiguos supercontinentes Laurasia
y Gondwana habría posibilitado una evolución
independiente en cada lugar. A partir de esta idea, se han
identificado varios grupos que parecían responder con
claridad a esa separación continental, como los terópodos
abelisaurios y los saurópodos titanosaurios. Sin embargo,
una de las grandes incógnitas paleontológicas
es la aparición de grupos inesperados, que no tendrían
teóricamente como haber llegado allí. A pesar
de ello, suele suceder, ... y como !
El hallazgo de titanosaurios en otros lugares del mundo,
así como el hallazgo de "raptores" en Neuquén,
hace pensar que realmente conocemos aún muy poco acerca
de la dinámica y las alternativas migratorias que fueron
posibles en aquellos tiempos.
Las convergencias evolutivas podrían dar respuestas
en algunos casos. Es decir, cuando grupos no emparentados
evolucionaron en morfologías similares ante las presiones
del medio ambiente. Un ejemplo actual se da entre los buitres
o jotes del nuevo Mundo y los del Viejo Mundo. Son muy similares
en forma, sin embargo sus ancestros son totalmente diferentes.
Las cigüeñas, de primera impresión diferentes,
son parientes más cercanos de los jotes americanos
y estudios de ADN dan más aval al parentesco. Con los
dinosaurios, los científicos no cuentan aún
con la posibilidad de dichos estudios.
Pero las sorpresas son muchas. Por ejemplo, un importante
acertijo al respecto es, ¿por qué la India tiene
fósiles tan similares a los nuestros?
Es extraordinariamente llamativo que la India, para la que
los datos geológicos parecen señalar una separación
del resto de Gondwana bastante antigua, conservó hasta
el final del Cretácico una fauna bastante similar a
la nuestra, de titanosaurios y abelisaurios como nuestro Carnotaurus,
cuyos familiares suelen hallarse también en India y
Madagascar.
O, por otro lado, ¿cómo se explica la relación
entre los dinosaurios de Mongolia y los de la Argentina?
Durante toda la década del 90, la parte más
baja del Cretácico superior neuquino de las cercanías
de Plaza Huincul ha revelado poseer entre sus formas fósiles
varios dinosaurios carnívoros cuyas características
físicas nos harían relacionarlos con otros del
Cretácico de Mongolia. Ellos son los maniraptores Unenlagia
y Megaraptor , el "raptor araucano", y el extraño
Patagonykus.
¿Qué es lo que todas estas formas están
indicando? ¿Acaso una conexión con Asia? ¿Tal
vez algunos de esos grupos han surgido en realidad en nuestra
región? ¿O sus ancestros se hallaban ya dispersos
por todo el mundo antes de que los continentes se fragmentaran
y alejaran entre sí? Es posible que nunca lo sepamos
con certeza, pero al menos, el desafío es intentar
explicarlo.
¿Se extinguieron los dinosaurios habitantes de estas
tierras al mismo tiempo que los de otros lugares del mundo?
Aparentemente a raíz de que no se ha hallado en el
mundo ningún dinosaurio más moderno que el límite
del Cretácico-Terciario (hace unos 65 millones de años),
momento denominado K-T, es aceptado que se habrían
extinguido en el Planeta a causa del mismo evento. En realidad
la excepción son las aves, reconocidos dinosaurios
vivientes.
Actualmente se considera con bastante firmeza la hipótesis
de que los grandes cambios climáticos causados por
el meteorito que cayó en Chicxulub, México,
fueron la causa. En el año 1991 se descubrió
el gran cráter de al menos 150 km de diámetro.
Se piensa que los mecanismos de extinción que siguieron
al impacto operaron por un período de menos de 100
años.
Consecuencias notables en el medio terrestre fueron muerte
masiva de plantas, de los dinosaurios herbívoros, y
también sus predadores, los dinosaurios carnívoros.
En aguas marinas, los estratos de valvas de algas microscópicas
y de foraminíferos dan también claro indicio
de haber sufrido una extinción masiva. Posiblemente
habrían sido afectadas por aumento en la acidez de
las aguas y notable reducción de intensidad de luz,
impactando en toda la trama alimentaria marina. Para ese entonces,
con la separación de continentes, océanos como
el Atlántico eran recientes. Se habían diversificado
los moluscos (dominando bivalvos y cefalópodos, entre
estos últimos los amonites), equinoideos (grupo de
los erizos, estrellas de mar, etc.), y corales, ya en aguas
más templadas. Los peces también habían
aumentado su diversidad y abundancia. La extinción
masiva del fin del Cretácico golpeó fuertemente
a varios de estos grupos de fauna marina.
Resulto cuestión de tiempo para que la increíble
diversidad de la vida inicie la colonización. La resistencia
de cuerpos germinativos de grupos vegetales, como semillas
y esporas, les habría permitido permanecer en latencia
hasta nuevas condiciones favorables. Cocodrilos y tortugas
también sobrevivieron, tal vez por ser más pequeños
o tal vez por su bajo ritmo metabólico (ya que son
"poiquilotermos" o de "sangre fría").
Los mamíferos de aquel entonces eran pequeños
y muchos de ellos basaban su dieta en insectos, fuente de
alimento muy diversa y abundante. Los mamíferos por
ser pequeños tendrían poblaciones numerosas.
Con la desaparición de los dinosaurios, tuvieron su
gran oportunidad para diversificarse y colonizar nichos que
habían quedado vacantes. Entre los dinosaurios, los
únicos sobrevivientes son las aves. En la actualidad,
alrededor del 60 % de las aves pertenece a un único
Orden, el de los Passeriformes (zorzales, tordos, horneros,
benteveos, etc.) Su gran diversificación habría
explotado el nicho de los "pequeños voladores
diurnos".
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Más interrogantes...
¿Eran los dinosaurios animales de sangre caliente?
Hay quienes han propuesto que los dinosaurios eran animales
de sangre caliente (endotermia), al menos algunos grupos.
El término no es del todo correcto, pero ejemplificador,
y básicamente se refiere a la posibilidad de regular
la temperatura corporal, como es el caso en aves y mamíferos.
Se ha argumentado que huesos de dinosaurios son penetrados
por numerosos canales por donde habría irrigación,
estructura típica de endotermos. Aunque cocodrilos
y tortugas, también pueden presentar una estructura
de tal tipo. Y en algunos mamíferos la estructura de
los huesos se parece más a la de los de sangre fría
(ectotérmicos).
Otro argumento ha sido con relación a la mayor necesidad
de alimento por parte de los endotermos para mantener su mayor
tasa metabólica. Es decir, requieren más presas.
En carnívoros, se han hecho comparaciones en la proporción
numérica entre presas y predadores de especies fósiles
con endotermos actuales. Los datos resultan semejantes. Pero
los fósiles hasta ahora encontrados son sólo
la punta del iceberg, así que dicha relación
hoy conocida puede no ser representativa.
El tamaño del cerebro es otro punto en consideración.
Los endotermos suelen poseer un tamaño mayor, y esto
se da en algunos dinosaurios. Aunque otros como los grandes
saurópodos, tienen una capacidad craneana pequeña,
y tal vez no fueran endotérmicos. Además, con
semejante tamaño, sus cuerpos no tendrían el
tiempo suficiente para disipar calor y refrigerarse en caso
de requerirlo.
¿Qué nos dicen las huellas de los dinosaurios?
La interpretación de las huellas brinda valiosa información.
Por ejemplo, sobre la base de las distancias que las separan
y relacionándolas con huellas de organismos actuales
comparables, es posible estimar velocidades de desplazamiento.
Un inconveniente es que no siempre se tiene certeza de la
especie a que corresponden.
Por otra parte, las huellas pueden dar pruebas de comportamiento
gregario. En algunos casos, se llega a saber si los individuos
más grandes del grupo iban adelante, si se movían
en línea o con un frente. Entre las huellas encontradas
aquí dominan las de herbívoros, seguramente
por el simple hecho de que eran más abundantes. Huellas
de terópodos, animales carnívoros, son menos
frecuentes, aunque esta proporción no siempre se mantiene.
¿Tenían los dinosaurios cuidado parental?
Todos los dinosaurios extinguidos conocidos ponían
huevos. Tras la puesta, el cuidado parental antes de la eclosión
tiene evidencias claras, como ser huevos orientados y acomodados
de manera determinada. Recientemente se han hallado en el
desierto de Gobi, Mongolia, varios terópodos Oviraptor
que murieron, cubriendo con sus cuerpos a los huevos que empollaban,
de la furia de una tormenta de arena. Pruebas del cuidado
post parental son más difíciles de obtener,
aunque el hallazgo de juveniles en zonas de nidadas dan indicios
de su posibilidad.
¿Qué colores tendrían los dinosaurios?
Por un lado, ya es difícil establecer que grado de
agudeza visual tenían los dinosaurios. Si se sabe,
por la estructura ósea, que algunas especies tendrían
visión estereoscópica. Sería el caso
de animales cazadores, ya que en general requieren un sentido
de la vista que brinde información precisa para poder
capturar a presas móviles.
Lo que nunca podríamos saber a partir de los huesos
es de que color eran los dinosaurios. Aún cuando se
hallan impresiones de la piel, están estampadas en
la roca con el color del mineral que las compone, sin darnos
el menor indicio de su coloración original.
Hay quienes piensan que tendrían colores apagados,
como es el caso en la mayoría de grandes reptiles actuales.
Por otra parte, otros sostienen que así como en las
aves, sus únicos descendientes, la variedad de colores
sería muy grande y podría haber actuado en la
atracción de pareja, o para brindar mensajes de advertencia.
En definitiva, las interpretaciones del artista, influenciadas
en mayor o menor grado por el investigador, son las que llegan
a nuestros ojos.
¿Tenía Amargasaurus una vela sobre la espalda,
o tenía otras cosas, como carne o grasa?
Al hallar los restos de este saurópodo, lo primero
que se pensó, es que habría portado una vela
doble de función desconocida, tal vez para colaborar
en su regulación térmica. Otra postura fue pensarlo
con las agudas espinas al aire, desafiando imponentes a cualquier
carnívoro que osara acercarse.
Recientemente, se ha postulado que algunos de los dinosaurios
espinosos podrían estar portando en sus espaldas gibas
cargadas de elementos grasos que les permitieran tolerar los
climas áridos.
De todos modos, nada es concluyente aún en cuanto
al "espinoso" caso del Amargasaurus.
¿Poseían plumas los dinosaurios?
Finalmente, esto ha dejado de ser un misterio. La respuesta
es claramente afirmativa, los dinosaurios tenían y
tienen plumas. El problema es saber que grupos las poseían.
Se conoce que las tenían los terópodos y sabemos
que han aparecido modificadas en los terizinosaurios asiáticos.
Pero, ¿las poseían los ornistiquios ? ¿y
los saurópodos? Podríamos a aventurarnos a decir
que no, pero a la naturaleza puede realmente no importarle
nuestra opinión, así que solo queda esperar
y ver que nos depara el registro fósil en los próximos
años.
¿Cuánto tiempo hace? Los problemas y la exactitud
de las dataciones.
Para decir cuanto hace que vivió tal o cual dinosaurio,
debe seguirse un largo proceso. En primer lugar, el mérito
esencial corresponde a los geólogos. Una titánica
tarea ha sido emprendida por esos hombres, inicialmente "gringos"
como Groeber, Bodenbender, Feruglio, Schiller, Wichmann, y
tantos otros. Han recorrido nuestro país a principios
de este siglo, analizando cada afloramiento rocoso, buscando
indicios a veces minúsculos que pudieran dar una pista
de la posible antigüedad de esas rocas.
Algunos, tal vez los más afortunados, terminaron sus
días en su medio natural de trabajo, el agreste campo
de nuestro país, al que habían aprendido a amar.
Como denominador común, nos legaron extensas obras
en las que se plasma el profundo conocimiento de lo nuestro.
Sobre lo que ellos dejaron y sobre lo ampliado por los geólogos
de hoy, es que los paleontólogos trabajan.
Muchas veces se les pregunta a los paleontólogos:
¿Cómo saben que esas rocas son cretácicas
? La respuesta más sincera y directa suele ser: porque
lo dijo un geólogo. Sin embargo a la hora de establecer
precisiones, debe recurrirse a datos lo más concretos
posibles: las dataciones.
Existen dos tipos básicos de dataciones: las relativas
y las absolutas. Las primeras sólo nos pueden indicar
si por ejemplo un estrato es más nuevo que otro por
hallarse por encima. Así, con un dinosaurio que algunos
metros por debajo tiene una capa datada en 120 millones de
años y a sólo un metro por encima, una de 95
millones, no estaré muy errado si le calculo unos 100
millones de años. Pero, ¿cómo pueden
ser datadas las capas con precisión?
Existe una técnica especial que se llama "Datación
Radimétrica". Se basa en el principio de que algunos
de los elementos químicos de los minerales poseen núcleos
que se van descomponiendo mientras se transforman en nuevos
minerales. Esta autodestrucción del átomo, que
emite partículas que pueden ser captadas y medidas,
se conoce como radioactividad. Un átomo radioactivo,
como el uranio (que se transforma en plomo) o el potasio (que
se transforma en argón), dependiendo de que elemento
sea, puede tardar miles o millones de años en descomponerse,
pero lo importante es que lo hace a un ritmo constante, sin
depender de la temperatura, ni la presión, ni ninguna
variable. Al hallar esos elementos y sabiendo la carga que
debería haber tenido en sus orígenes, se puede
calcular cuando empezó a desintegrase, es decir, de
que época es la roca. No obstante, es un estudio complejo
y caro, y si bien sus posibilidades de error son importantes,
las técnicas actuales las han reducido lo suficiente
como para que las dataciones sean confiables.
Además de este método, pueden hacerse dataciones
a partir del magnetismo de las rocas o mediante su contenido
en microfósiles como los pequeños crustáceos
llamados ostrácodos o los granos de polen esparcidos
por las plantas de esa época.
En la práctica, es común que los paleontólogos
recojan muestras del terreno (que pueden contener dichos microfósiles)
o que busquen ansiosamente algún fino estrato claro
que evidencie el depósito de ceniza volcánica
procedente de alguna erupción de aquellos tiempos.
Esto posibilita tener un dato preciso acerca del momento en
que vivieron los animales hallados en esos sedimentos.
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Líneas de investigación e investigadores del
país relacionados a los dinosaurios.
A partir de los trabajos pioneros que llevaron a cabo paleontólogos
argentinos en el estudio de los dinosaurios y sus grupos contemporáneos,
de a poco se abrieron diversas líneas de investigación
en respuesta a las grandes incógnitas que su estudio
iba planteando.
Hoy en día esas líneas de investigación,
abiertas por pioneros como José F. Bonaparte (MACN),
se han expandido hacia casi todos los rumbos posibles. Básicamente,
podrían definirse según los variados tipos de
dinosaurios, pero muchas veces, el hallazgo fortuito de nuevos
tipos de animales abre puertas insospechadas a las posibilidades
de investigación. Las líneas principales de
trabajo con dinosaurios son:
Origen de los dinosaurios y dinosaurios basales.
Dinosaurios ornistiquios, filogenia (parentesco) y problemas
paleobiogeográficos (de distribución y migraciones).
Dinosaurios saurópodos del grupo de los "cetiosaurios",
los diplodocoides y los titanosaurios, así como los
ancestrales prosaurópodos. Dentro de estos temas, pueden
estudiarse temas filogenéticos (de parentesco), de
ontogenia (desarrollo), ecológicos (de su relación
con el ambiente, gigantismo) y etológicos (de posible
comportamiento y nidificación).
Dinosaurios terópodos del grupo de los abelisaurios,
los carcharodontosaurios, el gigantismo, los problemas paleobiogeográficos
(de distribución y migraciones), los maniraptores,
y el origen de las aves.
Quién es quién y que hacen en la paleontología
de nuestros dinosaurios
La paleontología es una ciencia de "muchas ramas",
hay paleontólogos que estudian las plantas fósiles,
otros los minúsculos organismos que formaban parte
del plancton de mares antiguos, otros estudian peces, mamíferos,
anfibios, reptiles variados, y unos cuantos de ellos, a los
que nos dedicamos en esta nota, estudian dinosaurios. Sin
embargo, el estudio de dinosaurios ha proliferado seriamente
en las últimas décadas, gracias al aporte de
científicos pioneros, entre los que se destaca José
F. Bonaparte.
Tras sentar las bases en el estudio de estos animales en
nuestro país, actualmente trabaja en grupos de dinosaurios
basales de Brasil y en los saurópodos espinosos del
Cretácico Temprano de Neuquén.
Entre sus más directos discípulos formados
en el MACN, podrían mencionarse a:
Fernando E. Novas, que continúa trabajando en el MACN
tras haberse abierto paso en el estudio de los dinosaurios
carnívoros argentinos y el origen de las aves. Ha incursionado
también en el origen de los dinosaurios mismos, y realiza
una importante tarea de divulgación científica.
Por otra parte, Luis M. Chiappe, dedicado a las aves del
Cretácico argentino, no ha tardado en converger con
Novas en la problemática del origen del grupo. Coinciden
sin duda alguna, en que las aves son sencillamente dinosaurios
que "aprendieron a volar". Se halla trabajando en
Estados Unidos hace ya algunos años, aunque organiza
frecuentemente campañas en el Cretácico argentino,
lo que lo ha llevado al hallazgo de las grandes nidadas de
saurópodos de Auca Mahuida.
Guillermo W. Rougier, hoy en Estados Unidos, había
iniciado su carrera muchos años atrás en el
estudio de los hadrosaurios. Sin embargo el resto de su carrera
ha sido dedicada a los mamíferos que convivían
con los dinosaurios, para lo cual ha realizado numerosas campañas
a las localidades triásicas de nuestro país,
descubriendo allí nuevos materiales de grupos cercanos
a los primeros mamíferos y sin quererlo, interesantes
dinosaurios.
Rodolfo Coria, se ha abierto camino en la ciudad de Plaza
Huincul, Neuquén, con el estudio de los dinosaurios
ornitópodos, saurópodos y actualmente también
dinosaurios carnívoros, que fueron llegando a sus manos
a través de su propia búsqueda y la de los entusiasmados
lugareños.
Algo más alejados ya de la directa influencia de
Bonaparte, pero siempre en contacto con él en alguna
etapa de su formación, se hallan, dispersos por todo
el país:
-En Tucumán, Jaime Powell, destacado especialista
en saurópodos titanosaurios, que se ha dedicado también
al estudio de huevos, la ontogenia de los prosaurópodos
y a los hadrosaurios.
- En La Rioja, Andrea Arcucci, que ha participado activamente
en el debate acerca del origen de los dinosaurios, y se halla
actualmente estudiando el sorprendente carnívoro de
cráneo crestado de la Formación Los Colorados.
- En San Juan, William Sill, que si bien se ha dedicado
más a otros grupos que convivían con los dinosaurios,
como los rincosaurios, ha sido participe del hallazgo de varios
ejemplares de los terópodos del Valle de la Luna.
- Oscar Alcober, dedicado más a otros grupos que
convivían con los dinosaurios, como los rauisúquidos,
participó también de algunos hallazgos como
el del Jachalsaurus.
- Ricardo Martínez, ha sido partícipe de hallazgos
importantes como el del Eoraptor y el Jachalsaurus. No obstante,
se dedica al estudio de otros grupos que convivieron parcialmente
con los dinosaurios, como los terápsidos.
- En Mendoza, Bernardo González Riga, geólogo
y paleoartista, se halla estudiando saurópodos titanosaurios
y aspectos geológicos de las formaciones rocosas del
Cretácico.
- En Buenos Aires, Sebastián Apesteguía, estudia
la evolución de los titanosaurios, aspectos de su ecología
y los pequeños lagartos que convivían con los
grandes dinosaurios.
- Andrea Cambiaso, también en Buenos Aires, se halla
trabajando en la filogenia de los dinosaurios ornistisquios,
en especial los recientemente hallados en la Antártida.
- En Neuquén, Jorge O. Calvo, cuyo campo de trabajo
se inició en la icnología de las sorprendentes
huellas de Picún Leufú, ha dedicado luego su
atención a los saurópodos titanosaurios.
- Adan Tauber, inicialmente dedicado a un completísimo
estudio de la edad santacrucense, se halla hoy trabajando
con la abundante fauna de El Chocón.
-Leonardo Salgado, en Río Negro, iniciado especialmente
en el estudio de los saurópodos, en especial los titanosaurios,
ha abordado variados aspectos teóricos de la investigación
científica.
- Rodolfo Casamiquela, hoy en Chubut, pionero en la icnología
y en el estudio de los ornitisquios argentinos, se ha dedicado
posteriormente al estudio de las culturas aborígenes
de la Patagonia.
-Rubén Martínez, desde Comodoro Rivadavia,
ha llevado a cabo notables hallazgos de varios tipos de dinosaurios,
en especial en los sedimentos de la Formación Bajo
Barreal.
-Olga Giménez, en Chubut, ha realizado aportes al
conocimiento de los dinosaurios saurópodos, tanto del
Jurásico como del Cretácico.
-Thomas H. Rich, paleontólogo australiano, se halla
estudiando varios de los dinosaurios colectados en las campañas
del museo de Trelew.
-Silvina De Valais, se halla estudiando dinosaurios carnívoros
en el museo de Trelew.
NOTA: Esta información fue cedida
gentilmente por los autores y fue publicada previamente en
la Revista Aire y Sol en sus números de Noviembre y
Diciembre de 1999 y Enero y Febrero de 2000.
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