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El verdadero Moby Dick

Hoy sabemos que en "Moby Dick", la novela de Herman Melville, no se citaba a una ballena, sino que de haber existido, se trataría de un gran macho albino de cachalote.

"¡Ahí sopla! ¡Ahí sopla! ¡Un lomo como una montaña de nieve! ¡Es Moby Dick!" exclamaron los vigías que avistaron a "la ballena blanca" a bordo del ballenero Pequod, donde el capitán Ahab la perseguía sin pausa, para darle muerte, como venganza hacia el animal cuya furia había conocido en un desdichado encuentro anterior.

Hoy sabemos que en "Moby Dick", la novela de Herman Melville publicada en 1851, no se citaba a una ballena, sino que de haber existido, se trataría de un gran macho albino de cachalote.

El cachalote es uno de los cetáceos -orden que abarca a ballenas y delfines- más sorprendentes. Posee el mayor cerebro del planeta, de 9 kg. de peso, y es el buceador más profundo entre los mamíferos marinos, con una apnea récord de 2 hs. 18'.

Fue clasificado por Linneo en 1758, quien lo denominó Physeter macrocephalus (Physeter = soplador; macrocephalus = cabeza grande). Este enorme animal fue confundido durante siglos con las ballenas (misticetos o cetáceos con barbas), posiblemente por su gran tamaño. Sin embargo, pertenece al suborden de los odontocetos o cetáceos con dientes.

El cuerpo recuerda a un gran tronco de árbol, con su piel arrugada como la corteza, y de color gris amarronado. El cachalote muestra un marcado dimorfismo sexual: los machos adultos llegan a medir 18 m y las hembras 12 m. Los primeros pesan alrededor de 45 tn -aunque se registraron animales de hasta 60 tn- y los segundos 20 tn. Ambos sexos nacen con 4 metros de largo y 1 tonelada de peso.

No tiene una aleta dorsal prominente, sino algo similar a una joroba que aparece atrás en el dorso, seguida de otros montículos -de número variable- que llegan hasta la aleta caudal.

Las aletas pectorales son relativamente pequeñas, a diferencia de su aleta caudal que mide 5 m de un extremo al otro. Ésta es muy flexible y puede verse claramente en la superficie del agua antes de un buceo prolongado.

Su respiradero, en forma de S cuando está cerrado, se ubica en el extremo izquierdo de su roma cabeza. De él surge un soplo hacia delante, en un ángulo de 45º, de alrededor de 5 m de alto.

Si bien la evidencia indirecta sugiere que podrían llegar hasta los 3.000 m de profundidad, el buceo promedio va de los 300 a los 600 m, con una duración de 20 a 50 minutos. Entre buceos prolongados, puede realizar hasta 60 ventilaciones -soplos- en superficie.

Quizás lo que más impacta a primera vista sea su enorme cabeza en forma de caja, que en los machos adultos equivale a la tercera parte del cuerpo. En la mandíbula inferior lleva de 36 a 50 dientes cónicos de 10 cm de alto o más que se ubican en huecos de la mandíbula superior al cerrarse la boca. El maxilar superior no tiene dientes visibles, pero sí vestigiales, embebidos en las encías. Dado que no mastican la comida y que en las hembras aparecen en menor número, algunos científicos creen que los dientes serían útiles en las peleas entre machos, dejando notorias cicatrices en las cabezas. Esto se observa en los machos de mayor tamaño.

La mandíbula inferior es una arma en sí misma. Al lograr abrirla en un ángulo recto con la cabeza, el cachalote consigue atrapar mejor a sus presas, principalmente calamares y pulpos. Varios relatos hablan de encuentros con el calamar gigante del género Architeutis -como el exhibido en la sala de los Gigantes del mar. Un ballenero ruso dice haber presenciado en 1965 una batalla entre un enorme calamar y un cachalote de 40 toneladas. Más allá de las especulaciones, de hecho, se encontraron picos de estos animales en estómagos de cachalote. Por otra parte, marcas de las ventosas existentes en los tentáculos del calamar quedan sobre la piel del cetáceo al ser rodeado con ellos.

Cráneo de un cachalote
En la Sala Antártica del MACN se observa el cráneo de un
cachalote coleccionado por el Cap. de Navío J. Schwarz y A. Carcelles
en 1926, a bordo del buque ballenero factoría noruego Lancing

El cachalote habita las aguas profundas de todo el mundo -ya sea de mar abierto como las que rodean a islas volcánicas. Comen calamares y pulpos, aunque también peces incluyendo a tiburones de profundidad. Su alimentación se produce a lo largo de todo el año, tanto de día como de noche, si bien los machos maduros prefieren aguas más productivas en verano y hacia ellas se trasladan.

Las hembras y machos inmaduros llegan a los 40º N - 50º N y 40º S. Algunas permanecen todo el año en las mismas aguas. Los machos realizan movimientos estacionales. Los maduros alcanzan altas latitudes como los 65º N - 70º N y 70º S.

Los cachalotes son poligínicos (un macho se aparea con varias hembras). La reproducción es estacional y la gestación dura de 14 a 16 meses. Tienen una cría cada 5 años, en promedio, lo que representa una de las tasas reproductivas más bajas del reino animal.

La lactancia se extiende por 2 años, aunque puede prolongarse aún después de haber empezado a tomar una alimentación sólida, con un récord registrado de 15 años.

Los cachalotes machos alcanzan su madurez sexual a los 19 años o más, mientras que las hembras lo hacen entre los 7 y 12 años. Los machos recién comenzarían a reproducirse alrededor de los 27 años. Asimismo, los machos alcanzan su madurez física más tarde que las hembras.

Según estudios realizados en los últimos 20 años, la especie forma distintos grupos:

- grupo de sexos mixtos o manada nursery: compuesto por hembras de distintas edades, crías y machos inmaduros que no llegaron a la pubertad. Habitan en zonas templadas y cálidas.

- grupos de machos: al separarse de la manada nursery, los machos sexualmente inmaduros se van agrupando. A medida que van creciendo y madurando forman nuevos grupos, menos numerosos, y comienzan lentamente a alejarse hacia latitudes más altas, donde hay mayor cantidad alimento. Los maduros sexualmente forman grupos de unos pocos y se los ve en altas latitudes en verano. Se acercan a los manadas nursery en invierno, para aparearse. Los de mayor edad y por lo tanto tamaño (físicamente maduros) son solitarios.

Ilustración sobre la caza del cachalote
Ilustración anónima de mediados del siglo XIX sobre la
caza del cachalote.

Desde que se inició su caza a principios del 1700', el cachalote brindó enorme variedad de productos: la grasa o "blubber" bajo su piel que era convertida en aceite, el hígado para extraer vitamina A, el llamado "aceite del espermaceti" con el cual se hacían velas o lubricantes para maquinaria de precisión, o el ámbar gris para fijar perfumes, entre otros. El ámbar gris es una sustancia que se forma únicamente en el intestino del cachalote, alrededor de los picos de calamares y sepias, tal vez como respuesta a la irritación provocada por esas partes duras de la comida del cetáceo. En épocas pasadas, su peso se valuaba en oro. Hoy día, su comercio está prohibido y su función suplida por productos sintéticos.


Imagen del mayor ámbar gris encontrado, obtenido en 1954 por un barco ballenero

Eran sus dientes un premio para los balleneros, quienes los extraían y en sus horas de ocio a bordo grababan -con la técnica del scrimshaw- dibujos sobre el marfil para venderlos al llegar a tierra y lograr así un ingreso extra.

Los cachalotes viven alrededor de 70 años y es una de las especies en las que se observa el fenómeno de los varamientos masivos vivos.

Como muchos otros cetáceos, sufren la contaminación acuática provocada por el hombre y los enredes. De una población original de 3.000.000 de individuos, quedarían al menos 500.000 cachalotes en todo el mundo, con estimaciones optimistas de casi 2.000.000. La especie fue protegida internacionalmente en 1984.

Actualmente, la especie ofrece un recurso nuevo al hombre: el ecoturismo. Mediante viajes de observación -whalewatching-, podemos llegar a las aguas cercanas a las Islas Galápagos, las Azores, al sur de Grecia en el Mediterráneo, Dominica al este del Caribe, o a la isla sur de Nueva Zelanda, entre otros, tal vez en busca de una atrayente "caza fotográfica" o por el solo placer de compartir un instante de nuestras vidas con este verdadero gigante del mar.

Liliana D. de San Gil


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